
Estimado lector, le agradezco el tiempo para encontrarnos de nueva cuenta en este espacio de opinión. Dentro de la efervescencia política en la que nos hemos sumergido en las últimas semanas, encontramos las declinaciones del Partido Acción Nacional (PAN), donde el primero en ser bajado del caballo fue el parlanchín Javier Lozano Alarcón, secretario del Trabajo, quien nunca tuvo posibilidad alguna, sin embargo, lejos de regresar a sus actividades abandonadas, se ha nombrado jefe de campaña, “delfín” de Ernesto Cordero, así que hará de todo menos ser secretario del Trabajo.
El segundo jinete caído, y que pasó de noche, fue la del desconocido Heriberto Félix Guerra, titular de Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol). Fuentes panistas afirman que en próximos días el titular de la Secretaría de Educación Pública, Alonso Lujambio, tendrá que declinar por sus torpezas. El maestro Lujambio se encuentra atrapado en la disyuntiva: por un lado la escandalera por la Estela de Luz, perteneciente a los fallidos festejos Bicentenarios y que elevó su costo en más de mil millones de pesos en algo inservible, lo que representará un monumento al despilfarro y a la ocurrencia. En entrevistas se nota nervioso al señor Lujambio cuando intenta explicar algo simple, algo que se llama corrupción.
Por otro lado, sus pretensiones de aspirar a la candidatura a la Presidencia se van mellando con el paso de las horas, aun cuando se aferra con uñas y dientes, mientras la educación se le cae a pedazos entre las manos, para muestra, la SEP informó que el 78% de maestros que concursaron para obtener una plaza reprobaron el examen, con todo y eso son candidatos a uno de los 21 mil 450 lugares para trabajar en dicho rubro.
La contienda interna del 2005 de Acción Nacional se caracterizó por el “hijo desobediente”, ahora resulta que este instituto está siguiendo esa línea, por lo menos en la figura de dos de ellos, el solitario Santiago Creel Miranda con pocas posibilidades, y Josefina Vázquez Mota, quien cada día suma posibilidades a pesar de no contar con el apoyo del presidente. Por último “el hijo pródigo”, Ernesto Cordero, al que le apuestan todas las canicas, sin embargo el enemigo a vencer resulta él mismo, resbala a cada declaración que da, o qué… ¿usted podría vivir con 6 mil pesos?
La definición es importante para que aquellos que tienen un puesto en la administración pública regresen a sus tareas, o definitivamente que lo dejen por las campañas. Esto nos hace reflexionar en tres puntos. Uno, la poca transparencia y rendición de cuentas sobre los gastos públicos para evitar tentaciones y ridículos como los bicentenarios que envuelven a Lujambio. Dos, como se los pidió el escritor Javier Sicilia en el Congreso, pónganse a trabajar (extensivo para todos) sobre las reformas que necesita el país dejando de lado las vendettas partidistas. Tres, la exigencia de funcionarios de tiempo completo que han demostrado que no lo son anteponiendo los intereses personales y de grupo ante las exigencias ciudadanas.
¿Qué, es mucho pedir a la clase política?
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