
Ivonne De la Cruz Domínguez
Durante los 10 años que llevo trabajando en los medios de comunicación, los feminicidios han aparecido siempre dentro de las páginas rojas de la prensa mexicana. Recuerdo que Ciudad Juárez y los casos de las mujeres que trabajaban en las maquilas fueron las primeras historias donde los medios de comunicación utilizaron la palabra “feminicidios”, para referirse a los homicidios de mujeres, adhiriendo como característica especial pobres que habitaban en Chihuahua y que trabajaban en las fábricas de maquila.
Claro que lo que ocurría en el norte de México sólo era la punta del iceberg, poco a poco se descubrió que las autoridades estaban involucradas en una serie de asesinatos, pero que iniciaban con la violencia que se ejercía en casa, es decir, las muertas de Juárez perdieron las características, dejaron de ser mujeres pobres, mujeres trabajadoras y que residían en esa ciudad. Se empezó a notar que los cadáveres eran de mujeres morenas, delgadas, blancas, pelirrojas, pobres, ricas, amas de casa, ejecutivas, etc.
Estábamos observando uno de los fenómenos más tristes y protegidos por la propia sociedad, eran asesinatos que tenían como unión el género, es decir, homicidios contra mujeres realizados sólo porque eran mujeres. Lo peor de este asunto es que existen una serie de indicadores que nos podían alertar para detener esta violencia.
Cuando la Dra. Marcela Lagarde accedió a la Cámara de Diputados, avalada por el PRD, logró la creación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en ella describe los tipos de violencia a las cuales las mujeres nos vemos sometidas a lo largo de nuestras vidas, sin importar nuestras características físicas o económicos, gustos o disgustos, sólo porque no somos hombres.
La doctora Lagarde nos mostró que existe violencia física, económica, patrimonial, psicológica, laboral, institucional y sexual; pero además que existe un fenómeno social denominado “Violencia feminicida”, que describe la ley como “forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres.” Es decir, es la combinación de dos o más tipos de violencia y que lamentablemente las mujeres no percibimos el peligro en el que nos encontramos, hasta que es demasiado tarde.
Así pues existe una ley donde claramente se habla de un asesinato violento y que debe ser rechazado por la ciudadanía, pero esto no se encuentra dentro de los códigos penales, ni federal ni estatal. Por lo que la urgencia de incluirlo lleva muchos años.
Es curioso que justo previo al 2012, cuando se rifa el premio mayor, es decir, quien tendrá la oportunidad de dirigir la vida de los mexicanos desde la silla presidencial (y tener acceso al dinero de nuestros impuestos, un sueldo muy jugoso, prestaciones y bonos especiales, elegir a los secretarios de estados aunque no tengan las aptitudes mínimas, desaparecer personas incomodas, hacer decretos, subir impuestos, crear o cerrar fuentes de empleos, etc. ) en el Distrito Federal y en el Estado de México se tenga la propuesta de “tipificar el feminicidio dentro de los códigos penales”.
No estoy en desacuerdo, hay mucho atraso en esa materia, sólo que lamentablemente el “fast track” es algo que diputados y senadores ya han demostrado que no funciona y sólo espero que en esta ocasión quienes tengan en sus manos y mentes este asuntos, estén bien informados y no sólo sepan del tema que tiene alguna relación con la palabra “votos”.
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