
Una de las debilidades de este servidor ha sido, desde hace tiempo, la literatura del escritor y gran intelectual argentino Jorge Luis Borges. Luego de cumplirse 25 años de su desaparición física, y haberse incorporado a la larga lista de inmortales, la fama que lo preside y que en vida denominó como (castigo post mortem), eleva sus obras a la majestuosidad que deslumbra a miles de latinoamericanos, con “libros de arena”, juegos con el tiempo e historias de arrabal que fueron siempre su constante.
Su elitismo lo traicionaba en sus opiniones sobre política, desde un punto de vista aristócrata que jamás negó, yendo en contra del populismo de la época y de todo lo que tuviera que ver con las masas y el pueblo. Por ello, nunca se le reconoció con el premio Nobel, siendo por el contrario, severamente cuestionado por las reuniones que sostenía con “el diablo” Pinochet, al que adulaba.
'Para mí, la democracia es un abuso de la estadística. Y además no creo que tenga ningún valor. ¿Usted cree que para resolver un problema matemático o estético hay que consultar a la mayoría de la gente? Yo diría que no; entonces ¿por qué suponer que la mayoría de la gente entiende de política?”. Así se refería el autor de “El Aleph”, quizás sea porque los que menos entienden de política, sean los que se sienten con esa denominación de origen.
Borges resulta el autor del desdén. Este espacio es por lo general de crítica sobre la problemática política y sus actividades “maravillosas “, que envilecen sin recato alguno su sector. En Argentina, cuando se estudia ciencia política u otras carreras, se vuelve fundamental para la cátedra y planes de estudio la lectura de los textos borgianos, al considerarles punto de partida para ampliar la perspectiva diaria, siempre alejada del blof del café de librerías del Péndulo.
Este personaje y la política han dado mucho que hablar, desde las equivocaciones como la de Vicente Fox, al llamarlo “Booorggggges” por su poca información, hasta sus frases perpetuas que indudablemente, y continúan atrayendo la atención en muchos y generando la polémica en otros tantos, aun cuando ya no este.
Pese a que pueden encontrarse en su historia decisiones y opiniones políticas diversas, y hasta contrapuestas, existe una clara filosofía política en Borges, la que se mantuvo durante el trascurso de su larga vida sin modificaciones. En sus propias palabras, Borges se consideraba un anarquista, si bien pacífico: 'actualmente yo me definiría como un inofensivo anarquista; es decir, un hombre que quiere un mínimo de gobierno y un máximo de individuo.'
En plena campaña para fomentar la lectura no les caería mal echar una revisada a sus textos, sobre todo por San Lázaro o en el “Partenón pos moderno” donde sesionan los senadores, y más aún en la Asamblea Legislativa, a todos les vendría bien cultivarse. Dicen que el buen Juez por su casa empieza, así que le recomiendo, igual que yo lo haré, tomar un texto del “elitista Jorge Luis Borges”.
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